Ensayo № — · Línea: Materia · 17 min de lectura
La credibilidad real de Sam Altman

La credibilidad real de Sam Altman

№ — · Materia 17 min

Hoy hablamos de Sam Altman. A quien no conozco personalmente y a quien probablemente me gustaría conocer. Es un tipo complejo que está soportando una presión que enloquecería a cualquiera: gobierna la empresa más mirada del sector tecnológico mundial en el momento de mayor expectativa y mayor exposición pública de la historia reciente. Cada palabra suya mueve mercados. Cada decisión suya tiene consecuencias para millones de personas. Cada error que comete sale en portada antes de que termine el café de la mañana. Aun así, su exposición pública es excesiva, con muchas luces y muchas sombras. ¿Es Sam Altman un oxímoron andante? En un rápido vistazo a su actividad pública vamos a ver si es un tipo fiable o no. Sin saña. Con datos.

Mayo de 2023, la jugada del Senado y Bruselas

El 16 de mayo de 2023, Sam Altman testifica ante el subcomité judicial del Senado estadounidense sobre regulación de la inteligencia artificial. El testimonio queda registrado. Altman dice, textualmente, frases que se traducen aproximadamente así: «creo que si esta tecnología sale mal, puede salir muy mal. Queremos trabajar con el gobierno para evitar que eso ocurra. Creemos que la intervención reguladora del gobierno será crítica para mitigar los riesgos de modelos cada vez más poderosos».

Esa misma semana, en Bruselas, el equipo de lobbying de OpenAI estaba presionando a la Unión Europea para suavizar las cláusulas más estrictas del entonces todavía en negociación AI Act. Específicamente, las cláusulas que iban a clasificar los modelos de propósito general (GPAI) de gran escala como sistemas de alto riesgo con obligaciones operativas duras. Time publicó en junio de 2023 la documentación: papeles internos de OpenAI compartidos con autoridades europeas argumentando que «no estamos de acuerdo» con que GPT-4 fuera considerado automáticamente de alto riesgo y proponiendo modificaciones que aligeraran las obligaciones.

Lo de «pedir regulación» en público y «bloquearla» en privado no es contradicción aparente. Es estrategia coherente. La regulación general, en abstracto, es buena para OpenAI: eleva el coste de entrada de competidores, legitima a los actores establecidos, da apariencia de responsabilidad. La regulación concreta, con obligaciones operativas específicas y sanciones cuantificadas, es mala para OpenAI: limita despliegue, sube costes, expone responsabilidad. Pedir lo primero ante el Senado mientras se bloquea lo segundo en Bruselas es jugar al juego del responsabilismo público con la mano derecha mientras se mantiene la mano izquierda sobre los frenos reales.

No es un Altman maquiavélico. Es un CEO ejecutando lo que su consejo y sus inversores le pagan por ejecutar. La cuestión es que cuando un periodista cita después «Altman pidió regulación», está omitiendo la mitad del comportamiento real y dándole crédito al ciudadano comprometido sin matizar al lobby corporativo. Esa omisión es donde la credibilidad de Altman queda inflada artificialmente.

La línea temporal de la AGI

Una segunda dimensión donde su credibilidad merece examen es la línea temporal sobre cuándo llegará la artificial general intelligence (AGI), un término que el propio Altman ayuda a mantener vago para que la promesa pueda renovarse cada vez que se acerca el plazo previo.

Si uno reconstruye sus declaraciones a lo largo de los años —y aquí ofrezco una síntesis propia, no una transcripción literal de frases datadas—, el plazo se ha movido. En sus intervenciones más tempranas hablaba de un horizonte de décadas. Con el tiempo el horizonte se fue acortando. En febrero de 2025 publicó un ensayo titulado Three Observations donde escribe que, en una década, «quizá todos en la tierra serán capaces de lograr más de lo que hoy puede la persona más influyente», y que el tramo de 2025 a 2027 se sentirá más impresionante que los dos años anteriores. Lo que el ensayo realmente argumenta no es una fecha cerrada para la AGI sino una curva de inversión: el coste de usar IA cae a gran velocidad y el valor socioeconómico crece de forma superexponencial. La fecha concreta queda, como casi siempre, deliberadamente difusa.

Hay un patrón. Cuando hay éxito de producto, la línea temporal se acerca: alimenta capital y expectativa. Cuando hay turbulencia competitiva o cuando aparecen modelos competidores en lugares inesperados —China, Europa, open source—, la línea temporal se aleja: reduce expectativa de competidor inmediato. La función pragmática de las afirmaciones de Altman sobre AGI no es predecir el futuro: es gestionar la tensión narrativa del sector para mantener el flujo de capital hacia OpenAI. Lo cual es perfectamente legítimo como rol de CEO. Pero hay que dejar de leerlo como vaticinio técnico imparcial.

Worldcoin, la pieza incómoda

En paralelo a OpenAI, Sam Altman cofundó Worldcoin (rebautizada World) en 2019. Es un proyecto que escanea iris de personas en países del sur global —Kenia, Indonesia, India, Brasil, varios otros— a cambio de tokens de criptomoneda. La justificación oficial: crear una identidad humana verificada en la era de los bots y los deepfakes. La crítica: una corporación privada está construyendo una base de datos biométrica global con población vulnerable atraída por incentivos económicos modestos.

Los gobiernos de Kenia, España, Argentina, Hong Kong y otros han suspendido o investigado las operaciones de Worldcoin en distintos momentos. MIT Technology Review publicó en abril de 2022 una investigación describiendo prácticas de captación engañosas, explotación de trabajadores y manejo cuestionable de datos biométricos en el despliegue inicial en países del sur global. La compañía ha rebatido aspectos específicos y ha modificado prácticas. Pero la pregunta de fondo —¿debería una empresa privada construir la base de datos biométrica más grande del mundo, en países con menos protección regulatoria, a cambio de tokens de cripto?— sigue sin respuesta cómoda.

Aquí lo interesante para nuestra discusión sobre credibilidad. Cuando Altman habla públicamente sobre ética de la IA, sobre responsabilidad, sobre cómo desarrollar tecnología «en beneficio de la humanidad», prácticamente nadie le pregunta cómo cuadra eso con Worldcoin. La operación de Worldcoin existe en una ventana de información distinta a la de OpenAI: la prensa generalista que cubre la IA no suele cubrir Worldcoin con la misma intensidad. El resultado es que un CEO que afirma comprometerse con la ética en un proyecto tiene activamente operativo otro proyecto que muchos críticos consideran éticamente problemático, y la conversación pública no triangula entre los dos.

Esto no es ataque ad hominem. Es observación de coherencia. Si la coherencia personal es relevante para evaluar la credibilidad de las afirmaciones públicas de un líder, la disociación entre el Altman de OpenAI y el Altman de Worldcoin merece estar en la conversación, no enterrada en una entrevista específica que la mayoría de lectores no leerá.

Noviembre de 2023, el episodio que define

El despido y restitución de Altman en noviembre de 2023 ya es historia conocida. El consejo de OpenAI lo despidió el 17 de noviembre alegando «falta de candor en sus comunicaciones». Cuatro días de caos. Microsoft amenazó con absorberlo. Más de 700 empleados firmaron una carta. Su regreso se acordó en la noche del 21 al 22 de noviembre. El consejo cambió.

Lo que conviene mirar para nuestra discusión de credibilidad es lo que el consejo no llegó a explicar nunca con detalle. Las razones específicas del «falta de candor» quedaron enterradas. Los miembros del consejo que tomaron la decisión —Helen Toner, Tasha McCauley, Ilya Sutskever (que después se retractó parcialmente)— salieron sin desarrollar públicamente la motivación. La empresa contrató a la firma WilmerHale para hacer una investigación independiente. El informe se publicó en marzo de 2024 con conclusiones que limpiaban en lo grueso pero no entraban en los detalles que originaron el conflicto.

¿Qué quedó? Que en algún momento entre el verano y el otoño de 2023, miembros del consejo encargado de proteger la misión fundacional concluyeron que el CEO no estaba siendo completamente sincero con ellos. Que no pudieron sostener su decisión más de cuatro días contra la presión combinada de los empleados, los inversores y Microsoft. Y que tras la restitución, los miembros que habían tomado la decisión salieron y entró un consejo más alineado con la dirección ejecutiva. La causa originaria del conflicto nunca se aclaró públicamente.

Para evaluar credibilidad, esto importa porque establece un precedente operativo. La gobernanza fundacional de OpenAI, diseñada precisamente para frenar a un CEO si este actuaba contra la misión, no pudo ejercer su función. Quien firmaba era el consejo. Quien mandaba era el CEO. Y la asimetría se demostró irreversible. Cuando hoy Altman habla públicamente sobre cómo OpenAI mantiene su compromiso con la misión, hay que recordar que esa misión está protegida por una estructura que ya demostró su debilidad.

La deuda creciente y el plan de negocio

Saltemos a 2026 y miremos los números. OpenAI ingresó aproximadamente 3.700 millones de dólares en 2024 y unos 13.100 millones en 2025, según las cifras recopiladas por trackers del sector. Conviene no confundir ese ingreso anual reconocido con el run-rate anualizado —lo que la empresa facturaría si mantuviera el ritmo de cierre de año durante doce meses—, que a finales de 2025 superaba ya los 20.000 millones. Es un crecimiento espectacular en cualquier caso: más del triple de ingresos en un año. La narrativa pública subraya estos números.

Lo que la narrativa subraya menos es el otro lado del balance. El burn rate (cuánto pierde la empresa anualmente) rondó los 8.000 millones de dólares en 2025, con proyecciones del sector que apuntan a unos 25.000 millones en 2026 y unos 57.000 millones en 2027. El margen bruto es del 33%, limitado por el coste de inferencia: 8.400 millones gastados en inferencia en 2025, proyectados 14.100 millones en 2026. Y el capítulo de capex es estratosférico: la empresa ha proyectado un gasto de varios cientos de miles de millones de dólares en infraestructura hasta 2030.

Para sostener este plan, OpenAI ha tenido que recurrir a rondas de financiación cada vez más grandes. La más reciente, cerrada el 31 de marzo de 2026, fue de 122.000 millones de dólares, con una valoración post-money de 852.000 millones. Co-liderada por SoftBank, con participación de Andreessen Horowitz y de socios estratégicos como Amazon y Nvidia.

Y se está preparando una OPV. Internamente se habla de un filing en la segunda mitad de 2026 y un listing en 2027, con valoración potencial de hasta un billón de dólares —trillion en escala estadounidense—. Según reportes internos, la CFO Sarah Friar habría sugerido retrasar la OPV a 2027 frente al impulso de Altman por adelantarla, citando la trayectoria de burn y el capex pendiente como razones para esperar.

La pregunta para nuestra evaluación de credibilidad: cuando Altman habla públicamente sobre el futuro de OpenAI, ¿está describiendo una realidad técnica o ejecutando una operación financiera de varios cientos de miles de millones que necesita mantener el relato hasta el momento del listing? Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Pero la segunda dimensión existe y casi nunca se menciona cuando se le cita como autoridad técnica imparcial.

Distintos medios financieros han discutido abiertamente si OpenAI puede sostener este modelo o si está en una trayectoria que termina con un ajuste duro antes del listing. No hay consenso. Lo que sí hay es la pregunta legítima sobre si la empresa más mirada del sector está construyendo una historia técnica genuina o gestionando un castillo de naipes financiero con plazo. Para evaluar a Altman, esta pregunta tendría que estar siempre presente. Casi nunca lo está.

Sora 2, el desastre que también dice algo

El 24 de marzo de 2026, OpenAI anunció el cierre de la aplicación Sora —su plataforma de generación de vídeo, construida sobre el modelo Sora 2—, apenas unos meses después de su lanzamiento a finales de 2025. El motivo que dio la empresa apuntaba al coste de cómputo y a una economía insostenible. Las métricas concretas de usuarios y de gasto diario que han circulado en prensa no he conseguido confirmarlas con fuente fiable, así que las dejo fuera. Lo que sí está documentado es el patrón: una aplicación de vídeo generativo que consumía una cantidad de cómputo difícil de sostener y que OpenAI prefirió apagar antes que seguir financiando.

El caso es interesante porque toca dos cosas. Una: la sobrepromesa pública en el lanzamiento. Altman había presentado Sora como un avance fundacional en generación de vídeo, y la realidad operativa fue un producto que la empresa terminó apagando por insostenible. Dos: el comportamiento con socios. En diciembre de 2025, Disney había anunciado un acuerdo de licencia con OpenAI que incluía una inversión comprometida de 1.000 millones de dólares en la compañía. Al cerrarse Sora pocos meses después, el acuerdo no siguió adelante; según las partes, ningún dinero llegó a desembolsarse porque nunca se finalizó. Mil millones de dólares de alianza anunciada que se evaporan antes de materializarse.

Cuando un CEO presenta un lanzamiento como avance fundacional y el producto se cancela pocos meses después, arrastrando consigo una alianza de mil millones recién anunciada, hay un componente que merece registrarse para futuras evaluaciones de sus afirmaciones. No invalida todo lo que Altman dice. Sí calibra. La inflación retórica tiene historial reciente y documentado.

La cuestión del ruido relativo

Otra dimensión, más cualitativa, conviene nombrar. El sector de la IA en 2026 tiene cuatro o cinco actores frontier. Conviene observar el comportamiento mediático relativo de cada uno.

Sam Altman publica posts en su blog, da entrevistas, aparece en cumbres, viaja a la India y a Bruselas, se fotografía con presidentes, propone «un nuevo New Deal para la IA», emite declaraciones grandilocuentes sobre el futuro de la civilización. Genera ruido constante.

Dario Amodei, CEO de Anthropic, publica ensayos largos en su sitio personal, da entrevistas selectivas, mantiene perfil bastante más bajo que Altman aunque su empresa es competitivamente equivalente. Hace algo de ruido. Mucho menos.

Sundar Pichai, CEO de Google, aparece esporádicamente para anuncios de producto. Demis Hassabis, CEO de DeepMind, publica artículos técnicos. La estrategia mediática de Google es de bajo perfil personal y mucho producto. Casi nada de ruido.

Liang Wenfeng, fundador de DeepSeek, casi no aparece en medios occidentales. Da pocas entrevistas. Publica un paper técnico devastador y deja que el mercado reaccione. Ruido cero. Resultados ensordecedores.

El sector que avanza en silencio adelanta al sector que avanza en ruido. La frase puede parecer ingenua, pero el patrón es real. Cuando un CEO emite tanto ruido público como Altman, es razonable preguntarse cuánto del ruido sirve a la empresa y cuánto al ego, y cuánta atención está consumiendo en gestión de marca que podría estar dedicándose a operaciones. Que la respuesta no sea unívoca no significa que la pregunta no merezca ser hecha. Sí merece.

Por qué importa la calibración

Cuando Altman da una entrevista, los medios generalistas tienden a citarlo como fuente. Pero Altman es CEO de una corporación con incentivos concretos: levantar capital, sostener valoración, gestionar la regulación, mantener la narrativa hasta el listing. Sus declaraciones son acto comercial, no informe técnico. Leerlas como si vinieran de un experto neutral en el sector es un error de método. Ningún periodista financiero serio cita al CEO de Tesla, Apple o Amazon como autoridad imparcial sobre los productos de su propia empresa. La presunción es de parte. Por algún motivo, esa presunción razonable se relaja para los CEOs de la IA.

La calibración honesta de la credibilidad de Sam Altman no es «mienten» ni «dice la verdad». Es algo más fino. Altman es un actor estratégico extraordinariamente competente operando dentro de restricciones extremas. Cada cosa que dice está optimizada para varias variables a la vez: capital, regulación, valoración, lealtad del equipo, percepción social. Ninguna de sus declaraciones públicas puede leerse limpiamente sin descontar esos pesos.

Cuando dice que pide regulación, descontar la mano izquierda en Bruselas. Cuando dice cuándo llega AGI, descontar el momento del ciclo de financiación. Cuando dice que un producto es revolucionario, descontar la trayectoria Sora. Cuando habla de la misión fundacional, descontar el episodio de noviembre de 2023. Cuando habla de ética, descontar Worldcoin.

No se trata de descreerle. Se trata de leerle bien. Y leerle bien empieza por reconocer que un CEO en su posición no es ni puede ser una autoridad neutral sobre nada relacionado con su propio sector. Es un actor con intereses concretos, talento extraordinario para articularlos, y la responsabilidad ineludible de optimizar para su empresa antes que para el mundo. Ese es el contrato implícito que firma cualquier persona que ocupa ese cargo. No es traición a la humanidad: es la descripción del rol.

La pregunta sigue abierta. ¿Es Sam Altman fiable? Como CEO de OpenAI, gestionando capital, talento y narrativa: extremadamente. Como guía sobre lo que pasa en IA y hacia dónde va: solo si has descontado todas las dimensiones de las que estamos hablando aquí. La diferencia entre las dos lecturas es lo que separa al lector informado del lector que se compra el comunicado.

Definiciones

Burn rate: tasa a la que una empresa pierde dinero por unidad de tiempo. En el caso de OpenAI rondó los 8.000 millones de dólares en 2025, con proyecciones del sector que apuntan a unos 25.000 millones en 2026 y unos 57.000 millones en 2027.

Capex (capital expenditure): gasto en activos físicos a largo plazo, principalmente infraestructura de cómputo. OpenAI ha proyectado un gasto de varios cientos de miles de millones de dólares en infraestructura de aquí a 2030.

Inferencia: coste operativo de ejecutar el modelo para responder a una consulta del usuario. En OpenAI, 8.400 millones en 2025, proyectados 14.100 millones en 2026. Es el principal limitador del margen bruto.

AGI (artificial general intelligence): término sin definición operativa consensuada. Habitualmente designa un sistema con capacidades cognitivas comparables o superiores a las humanas en un rango amplio de tareas. Su definición se ajusta con el tiempo según conveniencia narrativa.

Worldcoin / World: proyecto cofundado por Sam Altman para crear una identidad biométrica global verificada mediante escaneo de iris a cambio de criptomoneda. Activo y polémico desde 2019.

Referencias

Time (junio 2023). Exclusive: OpenAI Lobbied the EU to Water Down AI Regulation. Base de la sección sobre el lobbying en Bruselas.

Transcripción del testimonio de Sam Altman ante el Subcomité Judicial del Senado, 16 mayo 2023. Fuente de las citas del testimonio.

Altman, S. (febrero 2025). Three Observations. https://blog.samaltman.com/three-observations. Base de la sección sobre la línea temporal de la AGI.

The New York Times (noviembre 2023 a marzo 2024). Cobertura del despido y restitución de Altman y del informe WilmerHale. Cronología contrastada en Removal of Sam Altman from OpenAI, Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Removal_of_Sam_Altman_from_OpenAI

MIT Technology Review (abril 2022). Deception, exploited workers, and cash handouts: How Worldcoin recruited its first half a million testers. https://www.technologyreview.com/2022/04/06/1048981/worldcoin-cryptocurrency-biometrics-web3/. Base de la sección sobre Worldcoin.

Sacra. OpenAI revenue, valuation & funding tracker. https://sacra.com/c/openai/. Cifras de ingresos y valoración.

CNBC (noviembre 2025). Sam Altman says OpenAI will top $20 billion in annualized revenue this year, hundreds of billions by 2030. https://www.cnbc.com/2025/11/06/sam-altman-says-openai-will-top-20-billion-annual-revenue-this-year.html. Run-rate anualizado y proyección de capex.

Fortune (noviembre 2025). Cobertura de la tasa de gasto (burn rate) y proyecciones de pérdidas de OpenAI. https://fortune.com/2025/11/12/openai-cash-burn-rate-annual-losses-2028-profitable-2030-financial-documents/. Cifras de burn rate, margen bruto e inferencia.

Bloomberg (31 marzo 2026). OpenAI Valued at $852 Billion After Completing $122 Billion Round. https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-03-31/openai-valued-at-852-billion-after-completing-122-billion-round. Datos de la ronda de financiación.

Gizmodo (2026). OpenAI's CFO reportedly wants to delay the IPO from 2026 to 2027. https://gizmodo.com/openais-cfo-reportedly-wants-to-delay-the-ipo-from-2026-to-2027-2000753760. Recomendación interna de Sarah Friar sobre la OPV.

Variety (marzo 2026). OpenAI Shutting Down Sora Video App, Disney Investment Dead. https://variety.com/2026/digital/news/openai-shutting-down-sora-video-disney-1236698277/. Cierre de Sora y caída del acuerdo con Disney.

Deadline (marzo 2026). Sora Shut Down, Disney Investment Dead. https://deadline.com/2026/03/sora-shut-down-disney-investment-1236764689/. Confirmación del cierre de Sora y del acuerdo con Disney.

Fortune (6 abril 2026). Sam Altman says AI superintelligence is so big that we need a 'New Deal'. Critics say OpenAI's policy ideas are a cover for 'regulatory nihilism'. https://fortune.com/2026/04/06/sam-altman-says-ai-superintelligence-is-so-big-that-we-need-a-new-deal-critics-say-openais-policy-ideas-are-a-cover-for-regulatory-nihilism/. Propuesta del «New Deal» para la IA.

CNN Business (26 febrero 2026). Anthropic rejects latest Pentagon offer. https://www.cnn.com/2026/02/26/tech/anthropic-rejects-pentagon-offer. NPR (27 febrero 2026). OpenAI announces Pentagon deal after Trump bans Anthropic. https://www.npr.org/2026/02/27/nx-s1-5729118/trump-anthropic-pentagon-openai-ai-weapons-ban. Rechazo de Anthropic y firma posterior de OpenAI con el Pentágono.

Hao, K. (2025). Empire of AI. Penguin.

Frankfurt, H. (2005). On Bullshit. Princeton University Press.

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