Ensayo № 017 · Línea: Diálogo · 12 min de lectura
¿Cómo se rompió la conversación pública sobre IA?

¿Cómo se rompió la conversación pública sobre IA?

№ 017 · Diálogo 12 min

Abre un periódico generalista español, abre un canal de YouTube de los populares, abre un hilo de X sobre lo último de OpenAI, abre una conversación con tu cuñado en una comida familiar. Te van a dar tres relatos opuestos contados por las mismas personas en distintos momentos del día. Por la mañana riesgo existencial. Por la tarde productividad infinita. Por la noche, el chiste de Skynet. Quien te advierte del apocalipsis es la misma marca que te vende la salvación. Y mientras los dos relatos compiten por tu atención, hay un tercer pasillo —el que está caminando bajo tus pies, el de la transformación silenciosa que ya ocurre— que casi nadie nombra. Conviene preguntarse por qué.

Hoy hablamos de cómo la ignorancia sienta cátedra. Los medios ignoran lo que es la inteligencia artificial pero hablan de ella y pontifican. No habla la razón. Habla la superstición disfrazada de razón. ¿Qué es más peligroso, la ignorancia o la superstición? La IA se ha convertido en uno de los grandes referentes del pensamiento mágico contemporáneo. Y la razón —entendida en su sentido clásico, mirar los datos, distinguir lo que sabemos de lo que imaginamos, aceptar la incertidumbre cuando toca— ha quedado fuera de la conversación. Vamos a usarla aquí para mirar el problema.

Primera razón: los emisores son juez y parte

Recapitulemos quién está hablando cuando alguien habla en español sobre IA. Marcas SaaS que venden IA: IBM, Microsoft, Salesforce. Bancos que están integrando IA en sus servicios: BBVA, Santander. Consultoras que asesoran sobre IA: Deloitte, KPMG, EY, PwC. Universidades privadas que captan matrículas con másteres de IA: UNIR, VIU, IEBS, ISDI, ESADE. Empresas de ciberseguridad que venden protección contra «amenazas IA»: Avast, Malwarebytes, Telefónica Tech. Medios generalistas que cubren tecnología desde un departamento pequeño con pocos especialistas. Y, ocasionalmente, alguna voz académica que llega tarde y mal traducida.

Lo notable no es que existan estos emisores. Lo notable es que ocupan los dos polos del debate al mismo tiempo. Las mismas empresas publican un día un artículo titulado «10 peligros de la IA que debes conocer» y al día siguiente otro titulado «5 ventajas de la IA para tu empresa». No es contradicción: es captura de tráfico desde ambos lados. Si el lector busca con miedo, encuentra al mismo emisor ofreciéndole la cura. Si el lector busca con entusiasmo, encuentra al mismo emisor ofreciéndole el producto. La conversación pública no está ocurriendo entre voces independientes con perspectivas diversas. Está ocurriendo dentro del mismo proveedor, que se ha sentado en las dos sillas del debate y se contesta a sí mismo en función de qué busca el visitante.

Esto no es debate. Es ocupación de mercado disfrazada de debate. Y la diferencia importa, porque cuando un debate real ocurre, el lector medio puede triangular entre fuentes contrarias y formarse criterio. Cuando lo que ocurre es ocupación, el lector medio cree estar triangulando entre fuentes contrarias pero en realidad está rebotando entre dos esquinas de la misma habitación.

Segunda razón: el formato premia lo cinemático

Hagamos una prueba mental. ¿Qué titular crees que genera más clics en un periódico generalista? Opción A: «Estudio del MIT sugiere que el uso intensivo de asistentes IA produce desentrenamiento medible en habilidades cognitivas específicas durante tareas de escritura». Opción B: «Un experto avisa: ChatGPT podría dejar a tus hijos sin capacidad de pensar». Opción C: «Sam Altman vuelve a hablar de Skynet y los expertos se dividen».

A es la noticia real. B es la traducción a clickbait. C es el ruido. La SERP, la página de inicio del periódico, el algoritmo de YouTube, el muro de X: todos premian B y C sobre A. Lo cinemático ocupa la posición ganadora porque genera más clic, más permanencia, más comentario, más viralidad. Lo estructural —cifras del AI Index, evolución de los benchmarks técnicos, dependencias geopolíticas del sector, casos concretos de uso problemático— se queda en sección secundaria si llega a publicarse.

La consecuencia operativa es que la pirámide de visibilidad se invierte. Las cosas que importan, en orden de impacto real sobre la vida del lector, son aproximadamente: la concentración estructural del sector en cuatro a seis empresas, la captura del input cognitivo, la atrofia cognitiva por uso intensivo, la homogeneización del lenguaje, el uso militar y de vigilancia, los problemas laborales en la cadena de anotación, el coste energético de los centros de datos, la dependencia geopolítica del hardware. Esa lista existe y está documentada. Lo que ocupa la portada, en cambio, es: rebelión de las máquinas, robot asesino, Skynet, IA consciente, fin del mundo. Esa otra lista no existe en el sentido empírico, solo existe en el sentido narrativo.

El medio cumple su función económica priorizando lo segundo. El lector cumple su función biológica enganchándose a lo segundo. El emisor corporativo cumple su función de marketing alimentando lo segundo. Nadie en ese circuito tiene incentivo para nombrar lo primero. Y por tanto lo primero no se nombra. No por censura. Por ecosistema.

Tercera razón: el periodismo serio está en inglés

Aquí hay que ser muy explícito porque conviene no edulcorar. El periodismo de fondo sobre IA, en 2026, existe. Pero está casi todo en inglés. Stratechery, de Ben Thompson, publica análisis estratégico semanal sobre el sector con una profundidad que no tiene equivalente en español. Platformer, de Casey Newton, cubre las decisiones internas de las grandes y sus consecuencias culturales. 404 Media hace periodismo de investigación sobre el lado oscuro del sector: anotadores precarizados, deepfakes no consensuados, uso de modelos para acoso. MIT Technology Review publica reportajes largos con verificación rigurosa. The Information ofrece cobertura empresarial detallada. The Atlantic publica ensayos largos con voz propia. The Verge cubre la actualidad sin perder profundidad. Wired sigue siendo Wired.

En español la lista es mucho más corta y mucho más desigual. Hay periodistas individuales excelentes —Karma Peiró, Marta Peirano, alguna firma de El Confidencial, alguna pieza ocasional de El País— pero no hay un ecosistema sostenido. Los medios generalistas cubren la IA con secciones pequeñas, traducciones rápidas del comunicado corporativo, entrevistas a Sam Altman tratadas como si Altman fuera un experto neutral en lugar de un CEO con intereses. Los podcasts hispanohablantes especializados son contados con los dedos de una mano. Las traducciones de los grandes libros llegan tarde o no llegan. El Reuters Institute Digital News Report 2025 confirma una tendencia que afecta a todos los mercados pero que en español es más aguda: la confianza en los medios se estanca, las audiencias migran a fuentes alternativas, y la cobertura tecnológica especializada se concentra en muy pocos sitios.

El resultado es un usuario hispanohablante con un menú muy limitado. Si quiere periodismo serio sobre IA, tiene que leer en inglés. Si no lee en inglés, tiene que conformarse con lo que hay. Y lo que hay es, mayoritariamente, ruido y marketing. No por mala fe de los profesionales españoles —hay muchos buenos que hacen lo que pueden— sino por estructura de la industria: pocos especialistas, presupuestos cortos, ciclos de publicación rápidos, dependencia de las agencias internacionales para casi todo.

El pensamiento mágico contemporáneo

Conviene parar un momento y describir el fenómeno con palabras que vienen de la antropología, no del marketing. La IA se ha convertido, en el imaginario público hispanohablante, en una entidad cuasi-mágica. Tiene poderes vagos pero inmensos. Puede salvar o puede destruir. Es difícil de entender. Sus mecanismos son opacos. Habla. Responde. A veces parece comprenderte. La conversación pública alrededor de esa entidad —dada la mezcla descrita arriba de juez y parte, formato cinemático y vacío de periodismo serio— ha adoptado las formas clásicas del pensamiento mágico: invocación, conjuro, exorcismo, peregrinación.

Invocación: las marcas SaaS que prometen «integrar IA» sin que el cliente entienda qué significa, como un sacerdocio que media entre la deidad y los fieles. Conjuro: los listicles de diez peligros, que ofrecen rituales de protección («implementar políticas de gobernanza») sin que esas políticas hagan nada operativo. Exorcismo: los titulares apocalípticos que invocan la sombra de Skynet para vender la cura justo debajo. Peregrinación: los másteres en IA de las universidades privadas, donde el fiel paga su matrícula para que se le imponga el conocimiento mediante un certificado.

Es una descripción incómoda y deliberadamente provocadora, pero tiene la ventaja de hacer visible un patrón que no se ve cuando uno está dentro. La conversación pública sobre IA en español funciona, en muchos de sus rincones, como una religión popular de tecnologías mal entendidas. Y la religión popular tiene su lógica, sus profesionales, sus templos y sus rentas. Lo que no tiene es relación con la pregunta inicial del usuario: «¿qué es esto y qué pasa de verdad cuando lo uso?».

¿Qué pasaría con un debate honesto?

Imaginemos durante dos minutos cómo sería un debate honesto sobre IA en español. Tendría algunos rasgos identificables.

Los emisores declararían sus conflictos de interés al principio del texto, no enterrados en una página de transparencia. «Este artículo está escrito por X, que tiene Y inversiones en Z». Eso solo cambiaría la mitad de la conversación.

Los formatos cambiarían. Menos listicles, más artículos largos. Menos titulares de alarma, más reportajes de fondo. Menos «5 ventajas» y «10 peligros», más casos concretos contados con verificación y matices. Cuando un medio cubriera un avance técnico, no se limitaría a traducir el comunicado: leería el paper, hablaría con autores no afiliados, contrastaría con la competencia.

Las voces incorporadas cambiarían. Crawford, Zuboff, Gebru, Bender, Hinton, O'Neil traducidos y citados con regularidad. Periodismo anglosajón de referencia importado al español con crédito y contexto, no como traducción anónima. Académicos especialistas españoles —que existen— escribiendo en medios generalistas con espacio suficiente. Profesionales en ejercicio —médicos, profesores, jueces, periodistas, técnicos— describiendo lo que ven en el campo, no solo los CEO de las grandes hablando para Vanity Fair.

Y la conversación misma cambiaría. En lugar de oscilar entre «la IA va a salvar el mundo» y «la IA va a destruirlo todo» —dos formas del mismo pensamiento mágico—, ocurriría más despacio, más en concreto. Discutiríamos sobre la concentración corporativa con cifras del AI Index. Sobre la deuda cognitiva con datos del MIT. Sobre la homogeneización del lenguaje con el estudio de Science Advances. Sobre los anotadores precarizados con los reportajes ya publicados. Sobre el coste energético con cifras reales. Y los desacuerdos serían sobre qué priorizar, cómo regular, cómo intervenir, en qué tiempos. No sobre si la IA es buena o mala, que es una pregunta vacía.

La salida no es centrismo

Conviene aclarar lo que no es la salida. No es centrismo. No es equidistancia entre los dos relatos vacíos. No es decir «pues hay riesgos y hay ventajas, en su justa medida». Esa fórmula es exactamente la operación que el ecosistema corporativo necesita: que el lector quede contento con la sensación de haber asumido una posición equilibrada sin haber mirado nada. Centrismo es el último listicle, el que se sienta en el centro y enumera tres ventajas y tres peligros para acabar diciendo nada.

La salida es descentrarse del marco que dan los dos relatos. Salir de la pregunta «¿es buena o es mala?» —pregunta que no se puede contestar y que sirve solo para inflar conversación vacía— y entrar en preguntas concretas que sí se pueden mirar con datos. ¿Cuánto se ha concentrado el sector entre 2022 y 2026? Cifras: AI Index. ¿Qué efecto tiene el uso intensivo de asistentes en habilidades cognitivas medibles? Cifras: Kosmyna et al. ¿Quién entrena los modelos en el último eslabón, en qué condiciones laborales? Reportajes: 404 Media, MIT Tech Review. ¿De qué hardware depende la frontera y dónde se fabrica? Datos: Epoch AI, Stanford HAI. ¿Qué incidentes documentados hay con uso militar o de vigilancia? Registro: AI Incidents Database.

Esas preguntas tienen respuesta. Las respuestas no son cinemáticas. No caben en titular. No se resuelven en cuatro minutos de lectura. Pero llevan a algo que la conversación pública actual no ofrece: entendimiento. Y el entendimiento no se vende ni se compra. Se construye, despacio, leyendo a las personas adecuadas en el idioma en que las puedas leer.

La conversación pública sobre IA está rota porque la rotura beneficia al ecosistema entero. Repararla no es trabajo del ecosistema, que cobra por la rotura. Es trabajo del lector. Y empieza, sospecho, dejando de pulsar el primer enlace.

Definiciones rápidas

  • Juez y parte: situación en la que un mismo actor produce a la vez el contenido que advierte de un riesgo y el producto que se vende como solución a ese riesgo. Define el ecosistema editorial corporativo actual sobre IA.
  • Captura de tráfico bipolar: estrategia SEO consistente en ocupar simultáneamente las posiciones de búsqueda relacionadas con miedo («peligros de la IA») y con entusiasmo («ventajas de la IA») desde el mismo emisor, garantizando llegada del usuario sea cual sea su humor inicial.
  • Pensamiento mágico: marco mental en el que un fenómeno complejo se trata como una entidad casi-personal con poderes vagos pero inmensos, frente a la cual se desarrollan rituales de invocación y protección que no tienen relación operativa con el fenómeno real. Aplicado aquí al imaginario popular sobre IA.
  • Tercer pasillo: metáfora utilizada en el artículo para nombrar el espacio de transformación silenciosa que ya está ocurriendo (concentración, delegación cognitiva, homogeneización) y que los dos relatos dominantes (apocalipsis vs salvación) no nombran.

Referencias

  • Stanford HAI (2026). AI Index Report 2026. https://hai.stanford.edu/ai-index/2026-ai-index-report
  • Reuters Institute (2025). Digital News Report 2025. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2025
  • Kosmyna, N. et al. (2025). Your Brain on ChatGPT. MIT Media Lab. https://www.media.mit.edu/publications/your-brain-on-chatgpt/
  • Doshi, A. & Hauser, O. (2024). Generative AI enhances individual creativity but reduces the collective diversity of novel content. Science Advances.
  • Postman, N. (1985). Amusing Ourselves to Death. Viking.
  • Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs.
  • Crawford, K. (2021). Atlas of AI. Yale University Press.
  • Thompson, B. Stratechery. https://stratechery.com
  • Newton, C. Platformer. https://platformer.news

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