Llevo meses oyendo que Anthropic y OpenAI son enemigos doctrinales, dos maneras opuestas de construir la inteligencia artificial, y a fuerza de repetirlo casi me lo creo. Una predica que la IA general llegará si aceleramos. La otra, que llegará si frenamos lo justo para alinear lo que construimos. Suena a cisma teológico, a dos iglesias que no pueden rezar juntas. Y entonces uno mira las facturas, los contratos firmados, los servidores que alquila cada una, y la frontera entre ambas se vuelve más porosa de lo que el relato admite. Esta primavera Anthropic ha alquilado capacidad en el supercomputador de Elon Musk, el mismo Musk que tres meses antes la llamó «malvada» en público. Mientras tanto, drones iraníes impactaban centros de datos en el Golfo. Ninguno de los dos relatos doctrinales predice limpiamente lo que el sector hace cuando nadie escribe manifiestos.
La escisión de 2021
Dario Amodei era vicepresidente de investigación en OpenAI. Su hermana Daniela ocupaba la vicepresidencia de seguridad y políticas. Tom Brown había dirigido el equipo que construyó GPT-3, y junto a ellos salieron Sam McCandlish, Jared Kaplan, Chris Olah y otros nombres del núcleo de seguridad y de interpretabilidad. A finales de 2020 y comienzos de 2021 abandonan la empresa en bloque.
La razón pública no fue el dinero. Según las versiones que circularon entonces y que sus protagonistas han ido perfilando en entrevistas posteriores, la fricción era de fondo: la sospecha de que OpenAI estaba acelerando el despliegue de capacidades —GPT-3 acababa de salir en API pública— sin invertir de forma proporcional en alineamiento y en interpretabilidad. Fundan Anthropic a comienzos de 2021, Public Benefit Corporation desde el origen, con una misión declarada de investigación de seguridad a horizonte largo. Y empiezan por donde empieza toda doctrina que aspira a sostenerse: redactando sus textos fundacionales.
Constitutional AI y la lógica del freno
El primero de esos textos se titula Constitutional AI, un paper de diciembre de 2022 que propone alinear modelos sin depender solo de la retroalimentación humana directa (RLHF), el método dominante en OpenAI. La idea, despojada de su jerga: en vez de que humanos voten cuál de dos respuestas es mejor caso por caso, se le entrega al modelo una «constitución» —un conjunto explícito de principios normativos redactados con cuidado— y se le entrena para que se autocritique y se corrija contra esos principios.
Lo interesante no es que funcione mejor, que eso está por discutir, sino que es más auditable. La constitución es un documento legible. Cualquiera puede leerla, objetarla, proponer enmiendas; Anthropic publica la suya, apoyada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en principios de seguridad de IA y en directrices de no daño. No es perfecta y tiene huecos evidentes. Pero es transparente en un sentido en que un agregado de votos humanos jamás podrá serlo: ahí no hay nada que leer.
El segundo texto es la Responsible Scaling Policy (RSP), publicada por primera vez en septiembre de 2023 y revisada en sucesivas versiones desde entonces. La RSP es un marco voluntario de autorregulación que define «niveles de seguridad de IA» (AI Safety Levels, ASL) inspirados en los niveles de bioseguridad estadounidenses, los que clasifican el manejo de patógenos según su peligro. Cada nivel asume una hipótesis sobre las capacidades del modelo —desde inocuo hasta potencialmente catastrófico— y exige medidas de contención a la altura: evaluación adversarial obligatoria, controles de acceso a los pesos del modelo, protocolos de respuesta ante incidentes.
Debajo de todo eso hay una apuesta sencilla. Si la frontera técnica se aproxima a sistemas capaces de cosas peligrosas —agentes con habilidades CBRN, ciberofensivas, de autorreplicación—, los protocolos tienen que existir antes y no después, porque cierta clase de daño no admite marcha atrás. El alineamiento, en esta lógica, no es un parche que se aplica al final sino un requisito previo a la capacidad misma.
Aprender desplegando, la apuesta contraria
Sam Altman ha defendido en entrevistas y en el blog corporativo de OpenAI la tesis opuesta, y conviene leerla sin caricaturizarla. Sostiene que la mejor forma de hacer una IA segura es soltarla en el mundo real, observar cómo se comporta, corregir en producción y escalar; que los protocolos imaginados en el laboratorio son inferiores a los que se refinan con uso masivo; que esperar a tener garantías formales antes de desplegar significa retrasar el beneficio social y regalarle el terreno a competidores menos escrupulosos.
La postura tiene su lógica, y la tiene de verdad. El despliegue de ChatGPT en noviembre de 2022 generó una cantidad ingente de retroalimentación real que mejoró las versiones posteriores, y la iteración rápida en producción es una metodología legítima en software, no una excusa. El problema, para sus críticos, es que algunas clases de daño en IA no se revierten cuando ya están sueltas. La iteración funciona cuando el daño es acotado y observable; tropieza cuando es difuso, masivo o irreversible. Ahí el feedback llega tarde.
La estrategia de la empresa ha sido coherente con su tesis: despliegue agresivo, API ampliamente accesible, integración profunda en los productos de Microsoft, sucesivas generaciones de modelos empujando la frontera de capacidades. La inversión en seguridad existe, pero el pulso lo marca el despliegue. Y el usuario que abre Claude o ChatGPT cada mañana, sin saberlo, está eligiendo una de las dos liturgias. Cuál es mejor no lo resuelve ningún benchmark; lo resuelve qué incentivos prefieres que ganen la próxima década.
Las alianzas que no encajan en el cisma
Aquí la separación entre ambas empieza a desmoronarse, porque las dos pertenecen, financieramente, a un sistema de patronazgo superpuesto que las ata más de lo que sus doctrinas dejan ver.
OpenAI tiene a Microsoft. La reestructuración de 2025 dio a Microsoft una participación que se valoró en torno a los 135.000 millones de dólares en la nueva OpenAI Group PBC, sobre una inversión total comprometida que ronda los 13.000 millones. La dependencia ha sido también infraestructural: Azure fue el proveedor exclusivo de cómputo de OpenAI desde 2019, una exclusividad que se levantó precisamente con el acuerdo de octubre de 2025, cuando Microsoft perdió el derecho de tanteo sobre la capacidad de cómputo. Durante esos años, si Microsoft retiraba la infraestructura, OpenAI se quedaba sin servidores.
Anthropic tiene a Amazon y a Google, y aquí el reparto sorprende. Amazon ha comprometido alrededor de 8.000 millones de dólares en varias rondas, la cifra que más suele citarse. Pero Google ha puesto bastante más: para 2026 sus inversiones sumaban al menos 13.000 millones, con compromisos posteriores que escalaban muy por encima de esa cifra. Anthropic se apoya en AWS como infraestructura principal y la complementa con las TPU de Google Cloud. Los dos hyperscalers han apostado a las dos hipótesis a la vez. Microsoft, a la velocidad. Amazon y Google, a la cautela. Si gana una de las doctrinas, el ganador estará en la órbita de uno de ellos; si las dos sobreviven, los tres cobran sin elegir bando.
Mirado desde arriba, el sector no es una pelea entre Anthropic y OpenAI. Es una distribución de carteras entre tres gigantes del cómputo que aprendieron hace tiempo a no apostarlo todo a un solo caballo. La separación filosófica es real para los empleados y para los usuarios. Para el capital de fondo que mueve las fichas, es diversificación.
El supercomputador de Musk
El 6 de mayo de 2026 ocurrió algo que conviene mirar despacio, porque desmiente buena parte del relato doctrinal por ambos lados. Anthropic anunció un acuerdo con SpaceX para alquilar capacidad en Colossus 1, el centro de datos de xAI en Memphis y uno de los supercomputadores más grandes del mundo. Pagará a xAI 1.250 millones de dólares al mes hasta mayo de 2029, lo que puede totalizar más de 40.000 millones, a cambio de acceso a más de 300 megavatios de cómputo. El acuerdo incluye, en otra capa, el interés de explorar con SpaceX el desarrollo de capacidad de cómputo en órbita.
Tres meses antes, Musk había escrito en X que Anthropic era «evil», «misanthropic» y que el laboratorio «odiaba la civilización occidental». Tiene además una demanda activa contra OpenAI por presunto incumplimiento de su misión fundacional, y compite de frente con ambas a través de su propio modelo, Grok. Que firme con Anthropic un contrato de 40.000 millones a tres años, y que después publique que ha pasado tiempo con el equipo y que «nadie activó su detector de maldad», dice cosas incómodas sobre cómo funciona realmente el sector.
La primera es que la urgencia de cómputo manda por encima de cualquier consideración doctrinal. Un crecimiento de uso que desborda lo previsto exige una capacidad que Amazon y Google solos no entregan al ritmo necesario, y cuando la empresa se ve obligada a buscar fuera, el único proveedor capaz de servir 300 MW de cómputo frontier en plazo es xAI, sea quien sea su dueño y diga lo que diga en público. El silicio no tiene ideología, y la prisa tampoco.
La segunda, más amarga, es que tanto la doctrina del Responsible Scaling como las advertencias de Musk contra Anthropic son, en parte, escenografía. Cuando llega el momento de firmar contratos multimillonarios, las dos partes se sientan a la misma mesa. La hostilidad pública es relato; el contrato es negocio. No lo digo por cinismo barato, sino porque así opera el sector cuando se le quita el atrezo.
Y hay una tercera, que apunta a la estructura del cómputo en sí. Si Anthropic depende ahora de cuatro proveedores —AWS, Google Cloud, xAI/SpaceX y, en perspectiva, capacidad orbital de SpaceX—, su concentración infraestructural se parece bastante a la de OpenAI con Azure. Las dos predican distinto y viven encima del mismo puñado de proveedores físicos. La distinción doctrinal se difumina cuando el cuello de botella es el silicio y el silicio lo reparten tres o cuatro empresas globales.
Los bombardeos del Golfo Pérsico
En febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una operación militar contra Irán. El 1 de marzo, antes del amanecer, drones Shahed iraníes impactaron dos centros de datos de Amazon Web Services en Emiratos Árabes Unidos; un tercer centro comercial en Bahrein también fue alcanzado, sin que esté claro si fue objetivo deliberado o daño colateral. Hubo un segundo ataque a un centro de AWS en Bahrein el 1 de abril, y al día siguiente medios estatales iraníes reivindicaron un ataque contra un centro de Oracle en Dubái.
Es la primera vez en la historia que un Estado bombardea de forma deliberada centros de datos comerciales en un conflicto armado. El régimen iraní había emitido el 31 de marzo un comunicado declarando objetivos militares legítimos a las grandes tecnológicas americanas: Microsoft, Google, Apple, Meta, Oracle, Intel, HP, IBM, Cisco, Dell, Palantir, Nvidia. La línea que separaba la infraestructura civil del objetivo militar, para el sector de la IA, acaba de moverse de sitio.
Esto conecta con la rivalidad entre Anthropic y OpenAI por una razón que no aparece en ningún manifiesto. El centro de datos Stargate de OpenAI en Abu Dabi —el componente emiratí, con G42 como socio local, del proyecto global de 500.000 millones de dólares que la empresa anunció en 2025 junto a SoftBank, Oracle y MGX— es uno de los activos expuestos si el conflicto se alarga. La infraestructura física de la IA generativa, que se vendía como neutral y deslocalizada, ha resultado tener geografía, frontera y vecinos hostiles. Cuando OpenAI y Anthropic compiten por cómputo, compiten por edificios concretos que un actor estatal puede bombardear.
Nada de esto figura en los listicles que comparan Claude y ChatGPT, y sin embargo es parte estructural de lo que ocurre cuando el cómputo frontier se concentra en cuatro o cinco ubicaciones del planeta y la guerra de este siglo incluye la infraestructura entre sus blancos. Las dos empresas discuten cómo construir la IA. Ninguna discute todavía, con la claridad que el asunto pide, dónde construirla.
Las etiquetas políticas y los pactos que las desmienten
Buena parte del discurso público asocia a Anthropic con un alineamiento progresista, atento a sesgos sociales y a problemas de equidad, y a OpenAI con uno más utilitario, técnicamente neutral, volcado en el «despliegue masivo para el beneficio agregado». La caricatura tiene algo de cierto y mucho de simplificación.
Lo cierto: las constituciones explícitas de Claude prestan atención a los grupos vulnerables, a los sesgos demográficos, al daño en contextos sensibles, y la comunicación pública de Anthropic subraya esos puntos más que la de su rival. La simplificación llega cuando aparecen los contratos. Cuando Anthropic rechazó en febrero de 2026 ciertas cláusulas de un acuerdo con el Departamento de Defensa —relativas al uso de Claude en vigilancia masiva y en armas autónomas—, OpenAI firmó con el Pentágono al día siguiente, con un articulado distinto y apenas horas después de que Altman dijera compartir la postura de Anthropic. Las dos juegan en el mismo tablero con cartas ligeramente diferentes, y ninguna se levanta de la mesa.
Las atribuciones políticas, en la frontera de la IA, son moneda de marketing antes que descripción de la práctica. El usuario que elige Claude por convicción ideológica sin entender las dependencias estructurales de la empresa está comprando, en parte, un relato que ni la propia empresa puede sostener entero. El que elige ChatGPT convencido de optar por lo «pragmático» tampoco ve del todo lo que acepta. En su sustrato, las dos opciones se parecen mucho más de lo que sus dos discursos explícitos admiten.
Qué prefieres que gane
La rivalidad entre Anthropic y OpenAI, en lo que de verdad afecta al usuario, no se dirime en qué modelo responde mejor a un acertijo. Se dirime en arquitectura de incentivos. Si prefieres que el sector avance bajo la lógica del despliegue agresivo, donde el feedback en producción gobierna y los daños se corrigen sobre la marcha. O bajo la lógica de la cautela calibrada, donde los protocolos preceden al despliegue y el daño teórico pesa tanto como el observado. Las dos lógicas tienen virtudes y facturas: la primera entrega más utilidad inmediata, más velocidad y más beneficio de corto plazo, a cambio de más riesgo de daños que nadie ve hasta que es tarde; la segunda entrega menos velocidad y alguna oportunidad perdida, con una operación más cara en cumplimiento, a cambio de menos exposición a la catástrofe imprevista.
Tu elección de qué pestaña abrir cada mañana no decide nada por sí sola. Pero millones de elecciones agregadas —en suscripciones, en contratos de empresa, en APIs metidas dentro de flujos de trabajo— sí mueven cuota de mercado, y la cuota de mercado, en un sector con márgenes asfixiados por el coste del cómputo, decide qué empresa puede sostener su doctrina y cuál tendrá que traicionarla para no morir. Eres votante sin saberlo cada vez que abres una conversación. Mientras tanto, fuera del templo, los hyperscalers cobran y los drones siguen volando.
Definiciones
Constitutional AI es el marco de Anthropic para alinear modelos de lenguaje mediante una constitución explícita —un conjunto redactado de principios normativos— en lugar de depender únicamente del feedback humano agregado. Se publicó en diciembre de 2022.
Responsible Scaling Policy (RSP) es la política voluntaria de Anthropic que define niveles de seguridad de IA (ASL) por analogía con los niveles de bioseguridad. Se publicó por primera vez en septiembre de 2023 y se ha revisado en versiones posteriores.
Hyperscaler es una empresa con capacidad de operar centros de datos a escala global multimillonaria. En 2026 los principales son Microsoft Azure, Amazon Web Services y Google Cloud, con xAI/SpaceX emergiendo como cuarto actor relevante tras el acuerdo con Anthropic.
Stargate es el proyecto de infraestructura de IA anunciado en 2025 por OpenAI junto a SoftBank, Oracle y MGX, con una inversión declarada de 500.000 millones de dólares; su componente emiratí en Abu Dabi cuenta con G42 como socio local.
Referencias
Constitutional AI: Harmlessness from AI Feedback, de Bai et al. (Anthropic, 2022), es el paper donde se propone el método de alineamiento por constitución comentado en el artículo.
La Responsible Scaling Policy de Anthropic (2023 y revisiones posteriores) es la fuente sobre los niveles ASL: https://www.anthropic.com/news/anthropics-responsible-scaling-policy
Claude's Constitution (Anthropic) recoge el texto normativo público de la constitución de Claude: https://www.anthropic.com/constitution
Las biografías de Dario Amodei y Daniela Amodei en Wikipedia sostienen los cargos que ambos ocupaban en OpenAI antes de fundar Anthropic: https://en.wikipedia.org/wiki/Dario_Amodei y https://en.wikipedia.org/wiki/Daniela_Amodei
El reportaje de Fortune sobre la reestructuración de OpenAI (octubre de 2025) es la base de la valoración de la participación de Microsoft: https://fortune.com/2025/10/28/openai-for-profit-restructuring-microsoft-stake/
El análisis de Axios sobre las inversiones de Google y Amazon en Anthropic (abril de 2026) sustenta las cifras de patronazgo de Anthropic: https://www.axios.com/2026/04/24/google-amazon-anthropic-investment
El reportaje de Fortune (mayo de 2026) sobre el giro de Musk respecto a Anthropic acompaña el relato del acuerdo de cómputo: https://fortune.com/2026/05/07/spacex-anthropic-deal-elon-musk-ai-landlord-evil/
La nota de CNBC (mayo de 2026) sobre el acuerdo Anthropic–SpaceX, incluido el componente de desarrollo en el espacio, documenta los términos: https://www.cnbc.com/2026/05/06/anthropic-spacex-data-center-capacity.html
El artículo de TechCrunch (mayo de 2026) detalla el pago mensual de Anthropic a xAI por cómputo: https://techcrunch.com/2026/05/20/anthropic-will-pay-xai-1-25-billion-per-month-for-compute/
El análisis de Tech Policy Press / Just Security (2026) examina las implicaciones legales de los ataques iraníes contra centros de datos en EAU y Bahrein: https://www.techpolicy.press/the-legal-and-policy-fallout-from-data-center-strikes-in-the-middle-east-war/
El reportaje de Fortune (marzo de 2026) sobre los ataques de drones iraníes a centros de datos de Amazon en el Golfo aporta la cronología de los impactos: https://fortune.com/2026/03/09/irans-attacks-on-amazon-data-centers-in-uae-bahrain-signal-a-new-kind-of-war-as-ai-plays-an-increasingly-strategic-role-analysts-say/
La cobertura de CNN y Bloomberg (26 de febrero de 2026) sobre el rechazo de Anthropic a cláusulas del Departamento de Defensa fundamenta el episodio de los contratos militares: https://www.cnn.com/2026/02/26/tech/anthropic-rejects-pentagon-offer
La página oficial de OpenAI sobre el proyecto Stargate y su entrada en Wikipedia detallan los socios del JV y el componente emiratí: https://openai.com/index/announcing-the-stargate-project/ y https://en.wikipedia.org/wiki/Stargate_LLC
Russell, S. (2019), Human Compatible (Viking), y Christian, B. (2020), The Alignment Problem (Norton), son las dos referencias de fondo sobre el problema del alineamiento.
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