Llevo meses leyendo que la inteligencia artificial está dejando a miles de personas en la calle. Fortune cifró en casi 50.000 los despidos ligados a la IA en lo que va de 2026, con datos de la consultora Challenger, Gray & Christmas; Meta anunció a finales de mayo otros 7.000 recortes en plena reorganización; y hasta Harvard Business Review tituló que las empresas despiden por el potencial de la IA, no por su rendimiento. El mensaje que cala es simple: la máquina llegó, sobra gente.
El MIT Technology Review publicó el 26 de mayo un baño de realidad. En los datos agregados, ese desplome no aparece: el paro en las ocupaciones más expuestas a la IA no es mayor que en el resto, y solo una de cada cinco empresas estadounidenses dice usarla. La única excepción seria, apoyándose en un estudio de Stanford, son los jóvenes de 22 a 25 años en esos oficios, que han perdido en torno a un 13% de empleo relativo. El golpe no está en la plantilla entera; está en el primer empleo.
Yo opino que el relato no aguanta una pregunta. Si la IA hace de verdad más competitivo a tu equipo, despedirlo es renunciar a ganar más: lo lógico sería conservarlo y producir mejor que el de al lado. Si aun así echas gente, o la productividad prometida no existe, o existe y no sabes aprovecharla. En ambos casos el problema no es la máquina, es quien decide y se escuda en ella. "Fue la IA" sale más barato que reconocer que se contrató mal y ahora se arregla peor.
Fuentes: Fortune · Harvard Business Review · MIT Technology Review
Lluvia — 4 lágrimas más
Esta lágrima es lluvia para otras lágrimas. Deambula.
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